Final de La danza de la realidad

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A continuación se revela como acaba La danza de la realidad

Final de La danza de la realidad explicado

El joven Alejandro (Jeremías Herskovits) vive con sus padres judeo-ucranianos Jaime (Brontis Jodorowsky) y Sara (Pamela Flores) en Tocopilla, Chile. Jaime es un comunista que adora a Stalin y educa a su hijo con gran severidad. Sara canta más que habla durante toda la película, y cree que Alejandro es la reencarnación de su padre por su larga melena rubia. Irritado por las ideas delirantes de su mujer sobre su hijo y enfadado por el comportamiento de Alejandro, que considera cobarde y afeminado, Jaime le corta el pelo (que se representa como una peluca en lo que parece ser realismo mágico), le exige que repudie la existencia de Dios y le somete a pruebas de autocontrol y valentía que incluyen soportar cosquillas, bofetadas y, finalmente, someterse a una operación dental sin anestesia. Satisfecho con la valentía de su hijo, Jaime reconoce que respeta a Alejandro y lo convierte en la mascota del cuerpo de bomberos de Tocopilla.

Alejandro acompaña a los bomberos al lugar de un incendio donde uno de ellos queda atrapado en la casa y muere quemado. Durante el posterior cortejo fúnebre, Alejandro se imagina acostado en el ataúd con el cadáver del bombero y se desmaya del susto. Jaime le lleva a casa, pero quema el uniforme de la mascota delante de Alejandro cuando éste se despierta, llamando de nuevo a su hijo cobarde y afirmando que se avergüenza de él. En un intento de demostrar su propia valentía a los demás bomberos, que teme que le desprecien por la cobardía de su hijo y su herencia judía, Jaime intenta distribuir agua a las víctimas de la peste puestas en cuarentena fuera de la ciudad, pero éstas matan y se comen a sus burros y él mismo se infecta. Regresa a su tienda, visiblemente infectado, y se produce un enfrentamiento con el ejército. Mientras Jaime sufre convulsiones y el ejército amenaza con quemar la tienda para contener la infección, Sara reza por la recuperación de Jaime y orina sobre él, curándolo.

Animado por su milagrosa recuperación, Jaime planea asesinar al presidente derechista Carlos Ibáñez del Campo (Bastian Bodenhofer). Acepta trabajar con otro comunista para asesinar a Ibáñez en una exposición canina, pero el arma falla y Jaime se hace pasar por un héroe cuando salta entre Ibáñez y el pistolero. Para acercarse a Ibáñez, Jaime le pide un trabajo como mozo de cuadra del querido caballo del presidente, Bucéfalo, como pago por su heroísmo. Jaime envenena entonces a Bucéfalo como parte de su plan para matar a Ibáñez, pero cuando Jaime tiene a Ibáñez a punta de pistola, sus manos se paralizan.

La historia vuelve a Alejandro y Sara, y ésta empieza a enseñar a Alejandro a no tener miedo a la oscuridad y a hacer que la gente no se fije en él. Ella le dice que sabe en su corazón que Jaime está vivo y que los quiere a los dos. Atarán una piedra a un globo y la soltarán creyendo que encontrará el camino hacia él. La piedra cae sobre el tejado de una cabaña en la que vive Jaime. Al despertar, Jaime descubre que ha perdido la memoria, que vive con una campesina diminuta y que sus brazos están pintados con los colores de la bandera chilena.

Jaime emprende un largo viaje a casa, pero es capturado por los nazis y torturado. Los rebeldes liberan a Jaime y lo devuelven a su familia en Tocopilla. Las manos de Jaime se curan cuando Sara le dice «Has encontrado en Ibáñez todo lo que admirabas en Stalin. Eres lo mismo que ellos. Has vivido bajo la apariencia de un tirano». Alejandro, Jaime y Sara suben a un barco y abandonan Tocopilla.

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