Final de La juventud

1 h 58 min

Fred Ballinger (Michael Caine), un gran director de orquesta, pasa unas vacaciones en un hotel de los Alpes con su hija Lena y su amigo Mick, un director de cine al que le cuesta acabar su última película. Fred hace tiempo que ha renunciado a su carrera musical, pero hay alguien que quiere que vuelva a trabajar; desde Londres llega un emisario de la reina Isabel, que debe convencerlo para dirigir un concierto en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe.

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A continuación, puedes leer el resumen y la explicación de La juventud

Final de La juventud explicado

Fred Ballinger, un anciano compositor y director de orquesta, se encuentra de vacaciones en los Alpes suizos con su hija Lena y su amigo Mick Boyle, un viejo director de cine que sigue trabajando. Los dos amigos se encuentran pensando en el futuro juntos, observando con curiosidad la vida de sus hijos y de los huéspedes del hotel donde se alojan. A Mick le resulta difícil completar su última película, mientras que Fred lleva muchos años retirado. Pero todavía hay alguien que quiere escuchar sus sinfonías: un emisario de la reina Isabel llega desde Londres y le invita a dirigir un concierto de sus conocidas “Canciones simples” en el Palacio de Buckingham con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe, a cambio de ser nombrado barón. Fred rechazó rotundamente la oferta, inicialmente sin explicar por qué. Su hija Lena acusó a su padre de haber olvidado a su mujer y de no haberla querido nunca realmente, a pesar de todos los sacrificios que había hecho para ayudarle en su carrera.

Otra relación que se desarrolla en el hotel es la que se establece entre Fred y Jimmy Tree, un famoso y joven actor de Hollywood que lleva tiempo intentando encontrar su dimensión artística de cara a un nuevo papel importante, decepcionado por ser recordado por sus fans principalmente por haber participado en una saga de superproducciones de ciencia ficción y no por otras películas más comprometidas realizadas con directores importantes. Mientras tanto, Mick está entusiasmado con el guión de su nueva película, The Last Day of Life (El último día de la vida), para la que todavía está buscando un final adecuado y a la que llama su “testamento artístico”, coescrito por el propio Mick y un grupo de jóvenes guionistas. El anciano está decidido a poner en el papel principal a la diva Brenda Morel, a la que ha hecho famosa y con la que ha trabajado en varias películas en el pasado y ha forjado un fuerte vínculo.

Fred vuelve a reunirse con el emisario de la Reina de Inglaterra e, irritado por la insistencia de éste, le explica finalmente el motivo de su negativa: las “Canciones sencillas” fueron escritas para su esposa, y no quiere que las cante nadie más. Lena, al escuchar el discurso, comprende por fin el amor que su padre sentía por su esposa, viendo por fin en él aquellos sentimientos que creía incapaces de sentir.

Durante su estancia en el hotel, Lena se enamora de un escalador emprendedor, que es capaz de dejarla metafóricamente en suspenso en este momento concreto de su vida (ha sido abandonada recientemente por su marido Julian, el hijo de Mick, que se ha fugado con la explosiva estrella del pop Paloma Faith).

Mientras tanto, los dos amigos tendrán que enfrentarse a su futuro, a sus vidas que siguen desarrollándose de dos maneras diferentes: Fred con el arrepentimiento y la apatía y Mick con la alegría de hacer y vivir. Pronto llega Brenda al hotel y le dice a Mick, en un diálogo desgarrador, que no tiene intención de rodar su última película, prefiriendo un papel lujosamente pagado en una serie de televisión. Ella le dice que ha envejecido y ha perdido el propósito de su arte, y Mick le responde que está horrorizado por su ingratitud, ya que fue él quien la introdujo en el negocio del cine y la hizo famosa. Brenda acepta su situación como una persona horrible, pero se despide con frialdad y a la vez con simpatía con una frase de gran realismo: “Esta mierda de cine se acaba, la vida sigue”.

Poco después, los dos amigos vuelven a conversar como cada día. La apatía de Fred prevalece, mientras que la alegría que se desvanece en Mick permanece suspendida. Después de dar a su amigo un mensaje preciso (debe vivir, no sobrevivir), Mick sale al balcón de la habitación y se tira por él, suicidándose. Después de este gesto fatal de su amigo, Fred permanece en su expresión de apatía pero al mismo tiempo se enfrenta a una profunda redención interna. Primero va a Venecia para llevar una flor a la tumba de Stravinsky y luego visita a su mujer, que está ingresada en una clínica porque está demente. Entonces acepta viajar a Londres en presencia de la Reina para volver a interpretar sus melodías, haciéndolas cantar por la soprano Sumi Jo.

Una clara señal de que ha superado su bloqueo vital. Ahora lo que había perdido, y lo que Mick intentaba recuperar constantemente, le espera de nuevo: la juventud. Algo tan simbólico como real.

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