Final de Los lunes al sol

Una ciudad costera del norte de España a la que el desarrollo industrial ha hecho crecer desaforadamente. Un grupo de hombres recorren cada día sus empinadas calles, buscando salidas de emergencia. Son funambulistas de fin de mes, sin red y sin público, sin aplausos al final; viven en la cuerda floja del trabajo precario y sobreviven gracias a sus pequeñas alegrías y rutinas.

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A continuación, puedes leer el resumen y la explicación de Los lunes al sol

Final de Los lunes al sol explicado

Tras el cierre de su astillero en el norte de España, algunos antiguos trabajadores -Santa, José, Lino, Amador, Serguei y Reina- mantienen el contacto. Se reúnen principalmente en un bar propiedad de su antiguo compañero Rico. Santa es el más seguro de sí mismo y el líder oficioso del grupo, que sueña con irse un día a Australia. Sobre él pende un caso judicial que tiene que ver con una farola de los astilleros que rompió durante una protesta contra el cierre, que dice no querer pagar, no por el coste económico sino por lo que representa. José está amargado porque su mujer, Ana, tiene trabajo y él no. La brecha entre ellos es cada vez mayor y él teme que ella le deje por un compañero de trabajo. A pesar de sus piernas artríticas, Ana aguanta los turnos de noche en una fábrica de pescado y cree que su aspecto ya está perdido. No todos parecen estar de acuerdo, incluido su jefe. Lino, un envejecido padre de familia, persigue tenazmente puestos que van más allá de sus cualificaciones. El miembro más veterano del grupo, Amador, ha degenerado en el alcoholismo tras ser abandonado por su mujer; mantiene una pretensión cada vez más transparente de que su esposa vuelva pronto de vacaciones. Reina ha conseguido encontrar un trabajo como vigilante en un club de fútbol, colando a sus amigos en un partido. Lino acude a las entrevistas de trabajo a pesar de que los aspirantes tienen una edad cercana a la de su hijo. Este grupo de amigos es observado por Nata, la hija adolescente del propietario, que franquicia su trabajo de canguro a Santa. Mientras hace de canguro, Santa invita a sus amigos a tomar unas cervezas en el exterior, donde Serguei afirma que su carrera como astronauta se vio truncada por las medidas económicas del programa espacial soviético.

Una noche en el bar, Amador bebe demasiado y tiene que ser asistido a casa por Santa, los dos comparten una larga y significativa conversación en el camino de vuelta. Como resultado de su estado de embriaguez y de la nueva amistad, Amador, que nunca ha permitido a nadie del grupo entrar en su cuarto piso, deja que Santa le ayude a subir. Después de acostar a Amador, Santa va a lavar unos vasos sólo para descubrir que no hay agua corriente, lo que le lleva a explorar el apartamento, que ve que está destartalado y en un estado apenas mejor que si viviera en la calle.

Finalmente, Santa acepta pagar la deuda en el juzgado. Después de salir en coche con su abogado, pasan por delante de la farola recién reparada y Santa le dice al abogado que pare. Santa deja el coche, se acerca a la farola y la rompe de nuevo antes de marcharse.

Más tarde, esa misma noche, Santa va a casa de Amador a recogerlo para ir al bar, pero no recibe respuesta en la puerta. La luz parpadeante sobre él llama la atención sobre un tejado parcialmente hundido. Santa retrocede lentamente y se da cuenta de que los daños en el tejado se deben a que Amador ha saltado desde su ventana estando borracho, suicidándose. Sus amigos le hacen un funeral digno, aunque con un arreglo floral robado. Mientras tanto, Ana está en su casa haciendo las maletas para preparar su salida de José. Le espera en el sofá con el bolso en el suelo. Al volver del funeral, José se sienta en el sofá y se tumba en el regazo de Ana, contándole lo del funeral y tratando de enmendar las peleas que han tenido. Ana se compadece de él y comienza a llorar también, colocando una manta sobre su bolso y decidiendo quedarse sin que José sepa que ella tenía intención de irse.

Ese mismo día, Lino está haciendo cola para otra entrevista de trabajo y antes de que le llamen para su turno, mira al frente viendo un reflejo de sí mismo, decidiendo finalmente que está perdiendo el tiempo buscando empleo en esos lugares.

Por la noche, los amigos se reúnen de nuevo en el bar con las cenizas de Amador y tras echar “una última copa” en su urna, toman una decisión y se disponen a esparcir las cenizas. Los amigos bajan al astillero y acaban encontrando el ferry que siempre cogían juntos y donde se da a entender que se conocieron. Dos de los hombres suben a bordo mientras los otros dos hacen guardia. Los dos que están a bordo irrumpen en la cabina y encuentran la manera de poner en marcha el ferry. Una vez que lo ponen en marcha, los otros dos suben a bordo y se dirigen al centro del pasaje. Al llegar allí, se dan cuenta de que cada uno de ellos pensaba que otro había traído la urna y que la habían dejado atrás. Se ríen. El grupo de amigos se queda toda la noche en medio del pasaje sin ninguna preocupación y por la mañana hay una gran multitud alrededor de la terminal del ferry observando a los hombres desde lejos. Los hombres charlan despreocupadamente mientras están sentados al sol de la mañana mientras los créditos comienzan a rodar.

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