Final de Margin Call

Ambientada en el arriesgado mundo de las altas finanzas, es un thriller dramático que compromete a las figuras clave de un banco de inversión durante las turbulentas 24 horas previas al inicio de la crisis financiera de 2008. Cuando Peter Sullivan, un analista junior, revela información que podría probar la caída de la empresa, origina una toma de decisiones en cadena tanto morales como financieras que producen un terremoto en las vidas de los implicados en el inminente desastre.

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Final de la película Margin Call
ALERTA SPOILER

A continuación, puedes leer el resumen y la explicación de Margin Call

Final de Margin Call explicado

En 2008, un banco de inversión sin nombre comienza a despedir a un gran número de empleados. Entre los afectados está Eric Dale, jefe de gestión de riesgos. Los intentos de Dale de hablar sobre las implicaciones de un modelo en el que está trabajando son ignorados. Al salir, entrega un pendrive con su trabajo a Peter Sullivan, un asociado de su departamento, advirtiéndole que “tenga cuidado”. Sullivan, intrigado, trabaja a deshoras para completar el modelo de Dale.

Sullivan descubre que los supuestos en los que se basa el actual perfil de riesgo de la empresa son erróneos; se están superando los niveles históricos de volatilidad de los valores respaldados por hipotecas, lo que significa que la posición de la empresa en esos activos está sobreapalancada y que la deuda contraída por esos activos sobreapalancados llevará a la empresa a la quiebra. Sullivan llama a su colega, Seth Bregman, para que vuelva a trabajar con el jefe de operaciones de crédito, Will Emerson. Emerson, a su vez, convoca a Sam Rogers, su jefe, tras revisar las conclusiones de Sullivan. Los intentos de los cuatro por ponerse en contacto con Dale terminan sin éxito debido a que su teléfono de la empresa ha sido cortado. Peter y Seth salen a buscar a Eric, mientras que Sam y Will informan a la dirección de la empresa de la situación.

Una reunión posterior del jefe de la división, Jared Cohen, de la directora de gestión de riesgos, Sarah Robertson, y de otros altos ejecutivos concluye que las conclusiones de Sullivan son correctas, y se llama al director general de la empresa, John Tuld. A la llegada de Tuld, y después de que Sullivan explique el problema, Rogers, Cohen y Tuld discuten sobre la forma de actuar. El plan de Cohen, favorecido por Tuld, es la venta de los activos problemáticos. Rogers no está de acuerdo y señala que la venta dañará las relaciones y la reputación de la empresa en el sector y provocará una gran inestabilidad en los mercados. Tuld insiste en que su deseo de evitar la quiebra de la empresa merece ese riesgo y el coste.

Después de la reunión con Tuld, Emerson es informado por la esposa de Dale de que éste ha vuelto a casa. Emerson viaja a la residencia de Dale con Bregman e intenta convencerle de que vuelva a la empresa, pero no lo consigue. Durante el viaje de vuelta, Bregman le pregunta si perderá su trabajo; Emerson le responde que probablemente sí, pero, filosofando sobre la naturaleza de los mercados financieros, le dice que no pierda la fe y que su trabajo es necesario.

Tuld elige a Robertson para que actúe como chivo expiatorio de la situación de sobreapalancamiento de la empresa y le exige que dimita tras la venta forzosa. Robertson argumenta que ella advirtió a Tuld y a Cohen sobre la situación hace más de un año, pero no logra persuadirlo. Mientras tanto, Eric Dale se ve obligado a cooperar con el plan de Cohen, y la empresa le amenaza con recortar sus beneficios y su indemnización si se niega. Pasa el día compadeciéndose de Robertson.

A pesar de sus reticencias, Rogers reúne a sus operadores y les informa de la venta forzosa. Reconoce el daño que probablemente se hará a sus reputaciones y carreras, pero les informa de que serán bien compensados si la mayoría de los activos asignados a los operadores se venden al final del día. A medida que avanza la negociación, la empresa despierta sospechas y finalmente la ira de sus contrapartes, e incurre en grandes pérdidas, pero consigue vender la mayoría de los activos malos.

Cuando se produce otra ronda de despidos, Rogers se enfrenta a Tuld y le presenta su dimisión. Tuld rechaza la opinión de Rogers sobre la situación recordando las crisis económicas del pasado, argumentando que este tipo de acontecimientos siempre ocurren y que Rogers no debe sentirse culpable por actuar en su interés y en el de la empresa. Tuld le pide a Rogers que se quede dos años más y éste acepta a regañadientes. Tuld también informa a Rogers de que Sullivan va a ser ascendido.

La película termina con Rogers enterrando a su perro eutanasiado en el patio delantero de su ex mujer durante la noche. Ella le informa de que la empresa de su hijo también sufrió grandes pérdidas, pero evitó la quiebra.

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