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Final de Nacido para ganar

Final de la película Nacido para ganar
Final de la película Nacido para ganar

Nacido para ganar (1971 )

88 min - Comedia, Crimen, Drama

J.J. es un yonqui que se pasa los días saliendo de un lío para meterse en otro, viviendo al límite, siempre buscando las próximas dosis. Un día conoce a una joven de espíritu independiente que le sorprende mientras intentaba hacerle el puente a su coche. Después de eso J.J. se propone dejar la droga para siempre.


Director:   Ivan Passer

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A continuación se revela como acaba Nacido para ganar

Final de Nacido para ganar explicado

La película sigue a J (George Segal), un antiguo peluquero que ha roto con su mujer (Paula Prentiss) y desde entonces se ha convertido en un drogadicto sin rumbo que frecuenta Times Square. Vive su nueva vida haciendo tratos de vez en cuando para Vivian (Hector Elizondo), un exitoso e intimidante traficante de drogas. J cree que su vida gira en torno al amor y la paz, pero él y su amigo y drogadicto Billy Dynamite (Jay Fletcher) intentan robar una caja fuerte a espaldas de un cajero. Sin embargo, como en muchas de las desventuras de J, fracasan una vez enfrentados y huyen caóticamente de la escena.

Un día, mientras intenta robar un coche, J conoce a la dueña del mismo, Parm (Karen Black), una chica de espíritu libre que se encariña con J. Vuelven a su apartamento, con la intención de J de robarle cosas, pero los dos se enamoran. Mientras hacen el amor, Parm encuentra un tatuaje en el brazo de J que dice “Born to Win”, del que J está muy orgulloso.

Cuando J vuelve a su rutina, su adicción a las drogas aumenta y, tras dejar las drogas a Stanley (Irving Selbst), un destacado miembro de la cadena de suministro de Vivian, él y Billy vuelven al día siguiente para robar las drogas a la novia de Stanley. Sin embargo, tienen que deshacerse de la droga cuando, al salir del apartamento, dos policías corruptos (Ed Madsen y Robert De Niro) se enfrentan a ellos y detienen a J. Bajo la amenaza de una grave pena de cárcel, J accede a trabajar junto a ellos convirtiéndose en un narco y a informarles sobre Vivian.

Stanley no tarda en alcanzar a J, que se libra por poco de sufrir graves daños por parte de sus hombres. Tras hacer una entrega en el aeropuerto, J y Parm huyen de la ciudad a la playa de Long Island. Allí viven una breve experiencia romántica, pero él insiste en volver a la ciudad para que le paguen por la entrega en el aeropuerto. A su regreso, se enfrenta a nuevas y más intensas presiones por parte de Stanley y Vivian. Los detectives le obligan a concertar una cita con Vivian, que intuye que se trata de una trampa y se niega a hacer un trato.

J se reúne con Billy y las cosas vuelven a parecer más esperanzadoras. Billy le dice a J que aprecia la seguridad que le proporciona su estilo de vida. Sin embargo, esta relativa calma no dura mucho. Cuando están juntos en un edificio de oficinas, Billy se dispara con drogas destinadas a J y muere inmediatamente: las drogas eran un “tiro caliente” destinado a matar. Un J asustado y angustiado abandona a su amigo muerto en el ascensor. J y Parm hacen un último intento de salir de la ciudad, pero se topan de nuevo con los detectives, que plantan drogas a Parm y se la llevan para arrestarla. Al fracasar todos sus planes, J se hunde más en la confusión con los sentimientos de odio a sí mismo y acude al club de Vivian. Vivian le da drogas gratuitas y tanto él como J reconocen que podrían ser muy fácilmente un pez gordo. Solo y con su futuro completamente incierto, J se sienta solo en un banco en medio de Times Square.

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